domingo, 31 de marzo de 2013

Francisco: "La novedad nos da miedo, también la que Dios nos trae y nos pide"


(José Manuel Vidal) Religión Digital.- San Agustín la definió como "la madre de todas las vigilias". Por vez primera, el papa Francisco presidió a vigilia pascual en la noche santa. Llena de los símbolos de siempre y repleta de la novedad encarnada por el nuevo Pontífice. Y de abrirse a la novedad habló el Pontífice, a no tenerla miedo, a no temer "las sorpresas de Dios, porque Él nos sorprende siempre".
La celebración comenzó en el atrio de la Basílica, donde Francisco bendijo el fuego y luego hizo lo propio con el cirio pascual, símbolo de la luz de Cristo en la Iglesia y en el mundo. Al rito asisten unas diez mil personas, entre ellas 30 cardenales y decenas de obispos y sacerdotes.
Francisco realizó con un punzón una incisión sobre el cirio pascual, grabando una cruz y la cifra del año 2013, y pronunció en latín:"Christus heri et hodie, Principium et Finis, Alpha et Omega, ipsius sunt tempora et saecula. Ipsi gloria et imperium per universa aeternitatis saecula" (Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. A Él pertenece el tiempo y los siglos, a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos).
Después, comenzó la procesión hacia el altar mayor, en medio de una total oscuridad y silencio en el templo, iluminado poco a poco con las velas de las miles de personas que llenan la basílica, encendidas con la llama procedente del Cirio Pascual.
Una vez llegado al altar se encendieron todas las luces, que dejaron al descubierto las maravillas que encierra la basílica, bellamente adornada con flores blancas, y comenzó el canto del Exultet, o pregón pascual, un recorrido sintético de la historia de la salvación.
El diácono canta el solemne anuncio de la Pascua, momento que para los cristianos significa la victoria de Jesús sobre la muerte a través de la resurrección.
A continuación se realiza la liturgia de la Palabra, en la que se leen fragmentos del Génesis, del libro del Exodo y del libro del profeta Ezequiel, un fragmento de la carta de San Pablo a los Romanos y el Evangelio según San Lucas que relata el descubrimiento del sepulcro vacío por parte de las mujeres y el encuentro con Jesús Resucitado.
En la homilía, Francisco, profundamente emocionado, glosa los sentimientos de las mujeres camino de la tumba de Jesús. "En las mujeres permenecía el amor".
"Y sucede algo inexperado y algo nuevo, que convence sus corazones, transforma sus prohramas y compromete sus vidas": No está Jesús. Quedan perplejas.
"La novedad nos da miedo, también la que Dios nos trae y nos pide. Preferimos nuestras seguridades".
"Tenemos miedo de las sorpresas de Dios, porque Él nos sorprende siempre".
"No nos cerremos a la novedad que Dios quiere traer a nuestra vida".
"No perdamos la confianza nunca. No nos resignemos. No hay nada que Dios no pueda cambiar ni pecado que no pueda perdonar".
Y el papa sigue glosando el Evangelio y los ángeles que les dicen que ha resucitado.
"Jesús no ha muerto. Ha resucitado. Es la vida misma. Es el Hijo de Dios. Jesús y abno es del pasado...en el Hoy eterno de Dios".
Ante los problemas de la vida, recibir a Cristo, con los brazos abiertos. Si has estado lejos de Él, confía en Él. Está contigo y te dará la paz y la fuerza.
Las mujeres se encuentran con la novedad de Dios. Su primera reacción, ante la tumba vacía, fue de temor. Pero reciben el anuncio de la Resurrección con fe.
"Hay que hacer memoria dle encuentro con Jesús, de sus palabras, de sus gestos, de su vida..."
"Hacer memoria del camino recorrido y abrir el corazón de par en par a la esperanza".
"Que Dios nos haga capaces de hacer memoria y de sentirlo como el Viviente, vivo y operante entre nosotros".

La tercera parte de esta ceremonia es la liturgia del bautismo y la eucaristía.
Siguiendo una tradición de la Iglesia primitiva, en la que los catecúmenos (adultos que aspiran al bautismo) eran bautizados en la noche de la Vigilia Pascual, Francisco, revestido con ornamentos blancos, administró los tres sacramentos de la iniciación cristiana a los cuatro catecúmenos adultos.
Se trata del italiano Maurizio Stefano Pilati, de 23 años; el albanés Ismaili Kleant, de 30 años; el ruso Yevgueni Strókov, de 30, y el estadounidense de origen vietnamita Anthony Dinh Tran, de 17.

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